⢠āMillones de creyentes profesos hablan como si Ćl fuera real y actĆŗan como si no lo fuera. Y siempre nuestra posición real debe descubrirse por la forma en que actuamos, no por la forma en que hablamos. Cualquier creencia que no gobierna a quien la sostiene no es una creencia real; es sólo una pseudo creencia. Y podrĆa sorprendernos profundamente a algunos de nosotros si de repente nos encontrĆ”ramos cara a cara con nuestras creencias y nos forzĆ”ramos a probarlas en los fuegos de la vida prĆ”cticaā. (Tozer, La RaĆz de los Justos, pĆ”g. 49)
⢠āMuchos de nosotros los cristianos nos hemos vuelto extremadamente hĆ”biles en arreglar nuestras vidas para admitir la verdad del cristianismo sin sentirnos avergonzados por sus implicaciones. Arreglamos las cosas de modo que podamos vivir lo suficientemente bien sin la ayuda divina, mientras que al mismo tiempo la buscamos ostensiblemente. Nos jactamos en el SeƱor, pero tengamos cuidado de que nunca seamos atrapados dependiendo de Ćlā. (IbĆd. pĆ”g. 49)
⢠āLa pseudo fe siempre arregla una salida para servir en caso de que Dios le falle. La verdadera fe sólo conoce un camino y gustosamente se deja despojar de cualquier segundo camino o sustituto improvisado. Para la fe verdadera, es Dios o el colapso total. El hombre de pseudo fe lucharĆ” por su credo verbal, pero se negarĆ” rotundamente a permitirse meterse en una situación en la que su futuro deba depender de que ese credo sea verdadero. Lo que necesitamos urgentemente en estos dĆas es una compaƱĆa de cristianos que estĆ©n preparados para confiar en Dios tan completamente ahora como saben que deben hacerlo en el Ćŗltimo dĆa. Para cada uno de nosotros seguramente llegarĆ” el momento en que no tendremos nada mĆ”s que Dios. La salud y la riqueza y los amigos y los escondites serĆ”n barridos y solo tendremos a Dios. SerĆa mejor invitar a Dios ahora a quitar toda confianza falsa, a sacar nuestro corazón de todos los escondites secretos y a sacarnos a la luz donde podamos descubrir por nosotros mismos si realmente confiamos o no en Ćlā. (IbĆd. pĆ”gs. 50, 51)
Mientras releo los pĆ”rrafos anteriores, me sacude hasta los cimientos y me empuja a desear lo que en cierto modo es aterrador. ĀæTengo o quiero una fe tan fuerte? ĀæQuiero que sea todo o nada? Sin embargo, mi corazón clama y creo que el tuyo tambiĆ©n es: āĀ”LlĆ©vame a la Roca que es mĆ”s alta que yo! Ā”SĆ© mi todo en todo!ā






